sábado, 16 de agosto de 2025

OBRAS SON AMORES...

 Una obra llegada de Nápoles, 

un misterio que sigue latiendo en  el corazón de Cehegín

¿Sabes que la Virgen de las Maravillas, imagen tan íntimamente ligada a la identidad de Cehegín, no nació aquí, sino en el corazón artístico de la Nápoles barroca?

¿Y que su rostro y su gesto –sereno, profundamente humano– guardan una sorprendente relación con una de las grandes Madonne napolitanas del siglo XVIII, la Madonna delle Grazie atribuida a Nicola Fumo.




No se trata solo de una escultura que llegó en 1725. Estamos ante una auténtica Madonna napolitana trasplantada a la tierra murciana, cuya iconografía –el gesto único de ofrecer al Niño como víctima redentora– no se repite en ninguna otra obra conocida del escultor.

Este estudio que ahora presento y que publicaré en breve, al hilo del corpus argumental  Obras son amores, explora precisamente ese diálogo fascinante entre dos mundos: el universo artístico de Nápoles, rico en dramatismo, emociones y flores doradas la sensibilidad popular de un pueblo que acogió aquella imagen como si hubiese nacido de sus propias entrañas.

Les invito a descubrir ....por qué la Virgen de las Maravillas no solo es “una bella imagen”, sino una auténtica síntesis teológica y estética, comparable a las mejores Madonne del Barroco mediterráneo.

Y a qué se dejen interpelar por ese delicado gesto de la Madre que no abraza, sino ofrece.

Porque lo maravilloso no está solo en su nombre… está en lo que sigue diciendo, tres siglos más tarde.

Manuel Ruiz Jiménex

miércoles, 13 de agosto de 2025

OBRAS SON AMORES...

Ofrecimiento silencioso

Iconografía del gesto de la Virgen de las Maravillas en la entrega de su Hijo 



Virgen de las Maravillas en su camarín. Imagen Fotógrafos.


 I. Introducción 

 En la escultura de la Virgen de las Maravillas (1725), atribuida al escultor napolitano Nicola Fumo (1647–1725), destaca un gesto que supera la mera estética y entra en el terreno de la teología visual y afectiva: el modo en que María presenta a su Hijo al fiel. Lo que podría parecer un gesto común en muchas imágenes marianas se transforma aquí en un acto profundo de entrega, meditado, contenido, doloroso y profético, que constituye un verdadero tema iconográfico en sí mismo: la ofrenda serena del Hijo al mundo, prefigurando su pasión y muerte. La Virgen, introvertida, pensativa y melancólica, sostiene al Niño no con exaltación, sino con aceptación contemplativa, consciente del destino redentor que pesa sobre ambos. 
 

II. Orígenes iconográficos del gesto de ofrecimiento

 1. María como Theotokosy oferente : de la epifanía al ofrecimiento Desde la antigüedad cristiana, la iconografía de María se ha dividido entre dos polos: la Theotokos, que presenta al Hijo al mundo como signo de encarnación divina, portadora y oferente del Verbo encarnado (siguiendo la tradición oriental bizantina), y la Virgo Dolorosa, que contempla el misterio de su Hijo desde el sufrimiento. En muchas iconografías orientales, aparece presentando a su Hijo al mundo, con una mano que lo sostiene y otra que lo muestra, como puente entre lo divino y lo humano1.
 En los iconos bizantinos del tipo Hodigitria, María señala o sostiene al Niño, indicando el camino. A veces lo muestra con el brazo extendido. Este gesto de ofrecer se mantuvo en Occidente, aunque fue reinterpretado con mayor carga afectiva. 
 A partir del siglo XII, y con más intensidad en el gótico y el barroco, el gesto se hace más humano y menos majestuoso: María no solo muestra, sino que entrega, y en ese acto hay ya una prefiguración de la pasión. 

 2. La Presentación en el Templo como arquetipo iconográfico El episodio de la Presentación de Jesús en el Templo (Lc 2,22–35) ha influido notablemente en la representación del gesto de ofrecimiento. Allí, María entrega a su Hijo conforme a la ley judía, y recibe de Simeón el vaticinio que articula toda la iconografía de la Mater Dolorosa: 

 “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel... y a ti una espada te atravesará el alma” (Lc 2,34–35).

Este momento condensa el ofrecimiento legal y espiritual del Hijo, con el presentimiento del dolor que se avecina. Las artes figurativas, especialmente en el Renacimiento y el Barroco, representaron este momento con creciente introspección emocional, en la línea del humanismo cristiano que pone énfasis en la psicología sagrada2. 
 

III. El gesto de la Virgen de las Maravillas: una entrega contenida 

 1. Una postura frontal, pero introvertida 
 La Virgen de las Maravillas presenta una figura erguida, centrada y estable, con el Niño Jesús sostenido ante sí, casi a la altura del pecho, ligeramente inclinado hacia adelante. No lo alza, no lo muestra como en la epifanía, sino que lo ofrece sin ostentación, sin dinamismo, en reposo. 
 Sus manos abiertas, colocadas bajo el cuerpo del Niño y sobre su vientre, no lo aprietan ni lo acarician: lo sostienen como una ofrenda silenciosa. Esta neutralidad gestual refuerza la tensión emocional del conjunto: es una madre que ofrece sin resistirse, pero tampoco sin dolor. 

 2. La expresión: tristeza sin desesperación
 El rostro de la Virgen es uno de los elementos más intensos y diferenciadores de la escultura. No sonríe, no alza la vista, no busca al espectador. Su mirada baja, dirigida levemente hacia el Niño o perdida en una línea interior, sugiere introspección, aceptación y serenidad doliente. 
 Esta es una afectividad controlada, propia de la tradición barroca napolitana más madura, donde el patetismo no se expresa por el grito ni la lágrima, sino por la contemplación silenciosa del dolor inminente3. 


Virgen de las Maravillas ofreciendo a su Hijo. Imagen Fotógrafos.


 IV. Nicola Fumo y la escultura devocional napolitana


1. El lenguaje escultórico de Fumo Nicola Fumo, escultor napolitano, desarrolló un estilo caracterizado por: 

 • Composición equilibrada y frontal, inspirada en modelos contrarreformistas. 

 • Expresividad contenida, especialmente en las figuras femeninas. 

 • Detalle anatómico refinado, con énfasis en la comunicación visual y espiritual entre figuras. Fumo trabajó ampliamente para órdenes religiosas, especialmente franciscanas, desarrollando una iconografía adaptada a la devoción popular pero cargada de contenido teológico. 

 2. Parentesco formal con otras obras La imagen de la Sagrada Familia del Museo Nacional de Escultura (Valladolid), atribuida a Fumo o su taller, muestra una Virgen con expresión similar: contenida, serena, introspectiva, llevando al Niño de la mano junto a San José en una actitud que no es solo maternal, sino proféticamente oferente.
 La Virgen de las Maravillas puede insertarse dentro de este corpus de Vírgenes meditativas que reflejan no solo la maternidad biológica, sino la espiritualidad madura de quien contempla, acepta y entrega. 
 

V. El Niño como víctima anticipada 

 El Niño Jesús en esta escultura no aparece juguetón ni triunfante. Su cuerpo presenta una verticalidad y rigidez que recuerda el peso muerto del cuerpo de Cristo en la Piedad. Está tranquilo, pero serio, y su brazo derecho (ligeramente abierto hacia el espectador) podría sugerir una bendición o aceptación de su misión. 
 Esta figura infantil con rasgos de adulto o de cordero inmolado se relaciona con una iconografía de la prefiguración pasional:

 • En algunas pinturas de Zurbarán o Morales, el Niño porta una cruz o clavos. 
 • Aquí, la ausencia de atributos es sustituida por el drama latente de la pose y la expresión. 


 VI. Iconografía del ofrecimiento profético 
 
El gesto de ofrecer al Niño con una expresión melancólica tiene antecedentes concretos en: 

 • La Virgen del Silencio, presente en ciertos monasterios capuchinos, donde se representa a María con el dedo sobre los labios, en actitud de contemplación del misterio.
 • Esculturas de Virgen de la Amargura o del Sacrificio, que sostienen a su Hijo no como un niño, sino como una víctima ofrecida. 
 • Representaciones de la Virgen con el Niño que porta símbolos de la pasión (una cruz, una corona de espinas, clavos, etc.), incluso desde el siglo XVI. 


 VII. Evolución del tema en el arte y devoción popular 

 Con el paso del tiempo, este tipo de iconografía se vuelve menos frecuente en el arte moderno, más centrado en lo tierno y festivo. Sin embargo, sigue viva en ciertas escuelas: 

 • En la imaginería andaluza, donde algunas Vírgenes llevan al Niño como en un ofrecimiento penitente (por ejemplo, algunas advocaciones del Carmen o la Esperanza). 
 • En la devoción franciscana, que ve en María la corredentora silenciosa, que acepta el sufrimiento de su Hijo sin protestar. 

 La Virgen de las Maravillas de Cehegín mantiene viva esa corriente espiritual: es una imagen que no solo suscita ternura, sino compasión. 


 VIII. Simbolismo teológico y lectura espiritual 

 La escultura es una catequesis visual que pone en diálogo tres dimensiones: 

 1. Cristológica 
 El Niño es presentado como el Cordero de Dios, entregado por su Madre como víctima futura. 

 2. Mariológica 
 La Virgen se revela como corredentora silenciosa, que coopera desde su aceptación, no con gestos heroicos, sino con una fe callada y firme. 

 3. Eclesial y devocional 
 María aparece como modelo para la Iglesia: entregar a Cristo al mundo con fidelidad, incluso en el dolor. 

 Desde la espiritualidad franciscana, esta imagen es doblemente significativa: María no solo es la Madre del Crucificado, sino la primera discípula pobre que todo lo entrega5. 

 IX. Lectura teológica del gesto 

 Desde la teología mariana, el gesto de ofrecimiento de María no es solo físico: es una entrega espiritual. 

 • María coopera con la redención desde su libre aceptación (cf. Lc 1,38) y desde su presencia silenciosa al pie de la cruz (Jn 19,25). 
 • En esta imagen, se representa esa segunda anunciación, en la que ya no dice “hágase”, sino “entrego”. 
 • La serenidad de su rostro no contradice el dolor, sino que lo transfigura en esperanza. 
 
Esta imagen enseña que entregar no es renunciar, sino confiar. La Virgen entrega al Hijo al mundo, y con ello, lo ofrece a Dios. 


 X. Devoción y recepción histórica en Cehegín 

 En la tradición local de Cehegín, la Virgen de las Maravillas ha sido venerada como consuelo de los afligidos, madre intercesora y figura cercana. Aunque su imagen transmite serenidad, siempre ha sido reconocida como dolorosa y maternal al mismo tiempo. 
 
El gesto de ofrecimiento ha influido en la liturgia, los himnos, la iconografía derivada (estampas, altares, medallas), consolidando una espiritualidad mariana basada en la entrega confiada, incluso ante el sufrimiento.

  XI. Conclusión 

 La Virgen de las Maravillas no mira al Niño con ternura inmediata ni lo eleva como trofeo, sino que lo ofrece con dolor contenido y serena aceptación, como una mujer consciente del destino que aguarda. Su rostro introspectivo, su postura meditada, su expresión melancólica forman parte de una iconografía del ofrecimiento profético, profundamente mariana, franciscana y barroca. En su gesto contenido, sus ojos introvertidos y sus manos abiertas, se revela la profundidad de su fe y la intensidad de su amor. 

 Esta imagen no se limita a la ternura: es un testimonio visual de la entrega redentora, una lección de compasión, sacrificio y esperanza. Frente a las imágenes triunfantes o idealizadas, la Virgen de las Maravillas nos invita a contemplar el misterio de Dios que se da, y de una madre que lo ofrece con todo su ser. 
Esta escultura no representa un instante aislado, sino una síntesis de muchos momentos: la Presentación, el camino con la Cruz a cuestas, el Calvario, la ofrenda cotidiana. María no solo es madre: es oferente, mediadora, y reflejo de la fe madura que sabe que amar también es dejar partir.


 Notas a pie de página 

 1. Pelikan, Jaroslav. María a través de los siglos: su imagen y su papel en la historia de la cultura. Barcelona: Herder, 1999, pp. 73-80. 
 2. Domínguez, Francisco Javier. Nicola Fumo y la escultura napolitana del siglo XVIII. Madrid: Fundación Universitaria Española, 2005, p. 145.  
 3. García Gutiérrez, Fernando. La imagen de la Virgen Dolorosa en la escultura napolitana del siglo XVIII. Madrid: CSIC, 2001, pp. 127-139.  
 4. Domínguez, Francisco Javier. Nicola Fumo y la escultura napolitana del siglo XVIII. Madrid: Fundación Universitaria Española, 2005, pp. 143-151. 
 5. Boff, Leonardo. María: mujer del pueblo y madre de los pobres. Santander: Sal Terrae, 1981, pp. 90-95. 


 Bibliografía 

 • Boff, Leonardo. María: mujer del pueblo y madre de los pobres. Santander: Sal Terrae, 1981.
 • Domínguez, Francisco Javier. Nicola Fumo y la escultura napolitana del siglo XVIII. Madrid: Fundación Universitaria Española, 2005.
 • García Gutiérrez, Fernando. La imagen de la Virgen Dolorosa en la escultura napolitana del siglo XVIII. Madrid: CSIC, 2001. 
 • Pelikan, Jaroslav. María a través de los siglos. Barcelona: Herder, 1999.
 • VV.AA. Nicola Fumo e la scultura napoletana del Seicento. Napoli: Electa Napoli, 1997. 
 • Schillebeeckx, Edward. Cristología: el Cristo de la fe y el Jesús de la historia. Salamanca: Sígueme, 1977.
 • Serafini, Stefano. La Madonna addolorata nella tradizione napoletana. Napoli: Arte e Fede, 1984.

 Manuel Ruiz Jiménez

viernes, 1 de agosto de 2025

OBRAS SON AMORES...

 

“Virgen de las Maravillas de Cehegín: Arte, Historia y Devoción de una Escultura Napolitana en Tierra Murciana”

OBRAS SON AMORES....

La escultura de la Virgen de las Maravillas de Cehegín se erige, ya desde su contemplación, como un paradigma representativo del barroco napolitano tardío. Cada pliegue, cada flor esculpida en pan de oro sobre piel de madera policromada, es un testimonio de la maestría que caracterizó a Nicola Fumo (1647–1725). Sin embargo, la ausencia de una firma auténtica ha impedido hasta ahora arrojar luz concluyente sobre su autoría. Este capítulo desarrolla un exhaustivo análisis técnico y ornamental, proponiendo que la decoración floral y la policromía ya no sean simples elementos decorativos, sino criterios de comparación estilística de primer orden.


La Virgen de las Maravillas en su camarín. Imagen Fotógrafos. 


Partimos de la hipótesis de que el estofado floral punzado, la manera de aplicar el dorado y la elección cromática (azules intensos, granates, dorados brillantes, sombreados rosados) no son una manifestación casual ni común en talleres menores. Al contrario, constituyen una impronta estética que recorre obras firmadas, como la Assunta de Lecce o el Cristo Caído de Madrid, y se repite con precisión en la Virgen de Cehegín. Estos patrones texturales y ornamentales son tan distintivos que pueden concebirse como una firma en negativo: ausencia de firma, presencia de estilo.

El corpus comparativo se enriquece aún más con la observación de detalles estructurales —rostro, manos, cabello— trabajan un canon escultórico uniforme, concordante con el repertorio de Fumo. El trazo del punzón en los dorados, la geometría de las floraciones, la paleta cromática, el ritmo de los pliegues, la textura del cabello: todos estos elementos refuerzan un hilo invisible que conecta directamente el taller que trabajó en Nápoles y las composiciones del escultor en España a inicios del siglo XVIII.

Así, este análisis no es solo un estudio comparativo: es una invitación a leer la escultura como un documento material vivo, en el que la técnica revela, más allá de la forma, el origen. Solo comprendiendo la unitariedad técnica y pictórica de la imagen de Cehegín en relación con obras documentadas, se podrá afirmar con más seguridad que esta escultura pertenece no solo a una tipología napolitana, sino a la mano específica de Nicola Fumo o de su círculo directo.



La ornamentación floral en la policromía de la Virgen de las Maravillas como vía de atribución a Nicola Fumo

La escultura barroca no sólo comunica mediante su forma, su talla o su iconografía: en muchas ocasiones, es a través de la superficie que revela sus códigos más sutiles. En el caso de la Virgen de las Maravillas de Cehegín —atribuida tradicionalmente al escultor napolitano Nicola Fumo (1647–1725)—, la dimensión decorativa de su policromía floral y de sus dorados constituye un campo de estudio con enorme potencial atribucionista, y, sin embargo, aún escasamente analizado en profundidad.



Detalle de la decoración floral de túnica y manto de la Virgen de las Maravillas. Imagen Fotógrafos.


Una autoría aún debatida

La atribución de la Virgen de las Maravillas a Nicola Fumo, aunque aceptada por consenso en diversos sectores devocionales y culturales de Cehegín, no ha sido certificada mediante documentación directa (como cartas de encargo, recibos, inventarios o firmas) que la ratifique sin lugar a dudas. Se sustenta, por tanto, en criterios de análisis formal, iconográfico y estilístico, especialmente en su expresividad facial, la composición corporal y el carácter típicamente napolitano de la escultura.


Plaza San Gaetano, Nápoles. S.XIX.

En este contexto, cualquier nueva línea de análisis que permita añadir solidez a dicha atribución se vuelve especialmente relevante. Es aquí donde el estudio de los motivos florales policromados cobra una importancia singular.

La superficie como firma del autor

En el Barroco napolitano, y muy especialmente en el círculo de Nicola Fumo, la superficie decorativa no era una cuestión secundaria. Al contrario: funcionaba como una especie de firma estilística del escultor o de su taller. La aplicación de estofados, dorados, motivos vegetales o florales sobre los mantos o túnicas de las vírgenes y santos no sólo obedecía a razones ornamentales, sino también simbólicas, teológicas y técnicas.

El uso de ciertas flores estilizadas, su disposición, su colorido, la técnica con la que se trazaban (con punzón, pincel fino, reservas de pan de oro, rasgado de estofado, etc.), los contornos, el naturalismo o esquematismo de las mismas, todo ello podía variar de un escultor a otro, o de una escuela a otra (por ejemplo, entre Nápoles, Sevilla, Granada o Murcia). Así, la decoración floral puede ser una huella estética comparable a la caligrafía de un manuscrito.

El caso de la Virgen de las Maravillas

La Virgen de las Maravillas presenta una rica decoración floral en su policromía, especialmente visible en el manto tallado con excelente maestría. Estos motivos revelan características que merecen atención detallada:

  • Composición de flores de cinco y seis pétalos, con contornos perfilados y pigmentación naturalista.

  • Disposición simétrica en cenefas, guirnaldas o motivos radiales.

  • Uso de dorado en pan de oro como fondo, con estofado raspado para generar relieves.

  • Inclusión de hojas posiblemente de acanto estilizadas o de flores similares a la rosa, el lirio o el jazmín, con carga simbólica mariana.

Este repertorio floral podría compararse con otras obras firmadas o atribuidas con certeza a Nicola Fumo, como por ejemplo:

  • La policromía de la Virgen de los Dolores del convento de Santa Clara de Nápoles.

  • Otras vírgenes procesionales napolitanas de finales del siglo XVII y principios del XVIII, especialmente en ambientes franciscanos.

Un análisis comparativo a través de macrofotografías, estudios de pigmentos, pruebas de infrarrojos o técnicas no invasivas como la radiografía o el escaneado multiespectral permitiría establecer correspondencias materiales y técnicas.

Aportes del estudio floral a la atribución

Este enfoque tiene múltiples ventajas de cara a reforzar la atribución a Fumo:

  1. Profundiza en un nivel técnico aún poco explorado, frente a los enfoques más tradicionales de análisis formal.

  2. Permite contrastes estilísticos con otras obras de la misma escuela o autor.

  3. Aporta datos objetivos y mesurables, especialmente si se aplican métodos científicos de análisis de pigmentos, dorados y estofados.

  4. Otorga un nuevo valor a la escultura como objeto artístico integral: no solo como forma, sino también como superficie simbólica.

  5. Conecta el discurso artístico con el lenguaje mariano floral, muy presente en la tradición litúrgica y devocional barroca.

Conclusión

El estudio de las decoraciones florales en la policromía de la Virgen de las Maravillas no es una vía menor o decorativa, sino una posible clave de atribución fundamental. Si la forma es el cuerpo, la decoración floral es el alma estética de la escultura. Explorar esta dimensión con el máximo rigor técnico e iconográfico puede suponer no solo una revalorización artística de la obra, sino también un paso decisivo hacia la consolidación de la autoría fiumesca de la imagen, estrechando lazos entre Cehegín y el taller napolitano del gran escultor Nicola Fumo.

Justificación del estudio integral “Virgen de las Maravillas de Cehegín: Arte, Historia y Devoción de una Escultura Napolitana en Tierra Murciana”

Manuel Ruiz Jiménez

martes, 21 de febrero de 2017

Del camarín de la Virgen de las Maravillas




Estampa de la Virgen de las Maravillas realizada en 1878

Obras son amores.....

Historia de la Virgen de las Maravillas

Inauguración del altar y camarín de la Virgen de las Maravillas

   Se tardaron unos cinco años en la elaboración de el altar mayor y el camarín de la Virgen, que según cuentan las crónicas fueron muy costosos, debido a la realización casi paralela del magnífico retablo que iba a enmarcar todo el testero de la iglesia. Fueron tantos los esfuerzos económicos que llevaron a cabo los fieles que el día de su inauguración se dispuso una gran función para entronizar a la Virgen de las Maravillas en su camarín.
   Se hizo un piadoso novenario que tuvo comienzo el día 20 de octubre de 1731 y que finalizó el día de San Simón y San Judas. La víspera de ese día, cuando ya se encontraba colocada la pólvora para los fuegos artificiales de la noche en el atrio del convento, descargó sobre Cehegín una tormenta de tal magnitud que dada la cantidad agua que cayó se inundaron varias dependencias del convento, inutilizando el castillo que había preparado. Sin embargo, el día amaneció claro y sereno lo que permitió la asistencia a la función de una gran concurrencia.
   Desde aquél día en que la Virgen de las Maravillas tomó posesión de su precioso aposento, se le ha venido tributando en ese lugar un fervoroso culto por todos los cehegineros.



Archivo particular Manuel Ruiz
Archivo Franciscano

lunes, 22 de julio de 2013

Estampas del pasado



Alpargateros
Años 40

La industria de la alpargata en Cehegín daba lugar a estampas tan cotidianas como esta. Para los avezados en dilucidar y poner nombre a rostros familiares y, que conste que conocemos quienes son, ¿quién se atreve a ponerles nombre?........



Estampas del pasado


En el casino
Años 50
Largas y amenas las tardes del casino, 
conversaciones, cafés, dominó, ...



Estampas del pasado


Por la calle Mayor
Años 40

Tres mujeres caminan por la calle Mayor
en dirección al Mesoncico, a la altura de
la calle de Doña Gabina, actual calle Picaso.


Inauguramos un nuevo apartado en este espacio para el recuerdo.

ESTAMPAS DEL PASADO
Durante cientos de años, han sido miles las personas que han nacido, vivido y muerto en este pueblo. Otros muchos tuvieron que marchar a otras partes llevando consigo muchos recuerdos y dejando atrás familia y amigos. Todos ellos han contribuido y lo siguen haciendo a hacer de esta tierra lo que es hoy, y todos merecen que esos recuerdos no se pierdan y permanezcan siempre presentes. Esa es la idea fundamental con la que inauguramos este nuevo apartado, en el que a través de imágenes cotidianas del Cehegín de otros tiempos podremos comprobar que  nuestro pueblo continua, en esencia, siendo el mismo.