La Segunda Llaga: el Pie Derecho de Cristo
Meditación ante Nuestro Padre Jesús Nazareno en la ermita de la Purísima Concepción de Cehegín
Si la primera llaga del pie izquierdo nos invitaba a apartarnos del camino del pecado, la llaga del pie derecho de Cristo abre ante el creyente el horizonte de un camino nuevo: el de las virtudes que conducen al cielo. En la espiritualidad tradicional de la contemplación de las cinco llagas, los pies del Crucificado no solo hablan del dolor de la crucifixión; hablan del caminar de Dios con el hombre y del camino que el hombre debe recorrer para acercarse a Dios.
La oración que acompaña a esta segunda llaga es profundamente clara en su intención espiritual: no basta con huir del mal, también es necesario avanzar activamente hacia el bien. Por eso el devoto implora: “concededme la gracia de seguir constantemente la senda de todas las virtudes cristianas”. Es una súplica que transforma la contemplación de la herida en un compromiso de vida. La sangre que brota del pie derecho del Señor se convierte así en símbolo de la gracia que sostiene los pasos del creyente cuando intenta vivir según el Evangelio.
En la quietud recogida de la ermita de la Purísima Concepción, en el corazón del casco antiguo de Cehegín, esta meditación adquiere una fuerza especial. Allí se encuentra Nuestro Padre Jesús Nazareno, figura profundamente arraigada en la devoción del pueblo. Su imagen, cargada de humanidad y de silencio, parece invitar a todos los que se acercan a mirarlo a emprender ese mismo camino de fidelidad que la oración pide.
Cuando los fieles levantan los ojos hacia el Nazareno en ese templo antiguo, entre muros que han escuchado siglos de plegarias, la contemplación del pie derecho herido adquiere una dimensión casi cercana. El Señor que camina hacia el Calvario no se presenta únicamente como víctima del sufrimiento, sino como guía del camino espiritual del pueblo. Sus pies heridos parecen recordar que cada paso de la vida puede orientarse hacia Dios si se apoya en la gracia que brota de su sacrificio.
El canto tradicional que acompaña esta llaga expresa con gran belleza ese sentido profundo:
Más de tu pie derecho,
los divinos raudales,
influjos celestiales
que corren de la herida…
Las palabras evocan una imagen poderosa: de la herida de Cristo brotan raudales celestiales, como si la sangre del Crucificado fuera también fuente de vida para el creyente. No se trata solo de una herida abierta en la carne, sino de una fuente espiritual que alimenta el camino del cristiano.
Cuando el canto concluye con las palabras repetidas —“Son mi vida, son mi vida”— el devoto reconoce que su verdadera fuerza para caminar no nace de sí mismo, sino de la gracia que procede del Señor. El pie derecho de Cristo, clavado en la cruz, se convierte así paradójicamente en origen del movimiento interior del creyente: de él nace la fuerza para avanzar en la fe, perseverar en el bien y aspirar a la entrada en el Paraíso.
En Cehegín, donde la devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno forma parte del alma religiosa del pueblo, esta meditación encuentra un eco profundo. Las generaciones que han subido hasta la ermita de la Concepción han aprendido a mirar al Nazareno como compañero de camino, como presencia silenciosa que acompaña las alegrías y las pruebas de la vida. En ese encuentro íntimo, el pie derecho herido del Señor parece recordar que cada vida humana es también una peregrinación.
Así, la segunda llaga continúa el itinerario espiritual iniciado por la primera. Si el pie izquierdo enseñaba a apartarse de los caminos de perdición, el pie derecho señala el sendero luminoso de la virtud. Ante Nuestro Padre Jesús Nazareno, en el recogimiento de la antigua ermita, el creyente comprende que la vida cristiana no es solo renuncia, sino camino de plenitud.
Y mientras resuena en el templo el eco del canto antiguo, el corazón del devoto entiende que los pasos que conducen al cielo no se dan en soledad. Cada uno de ellos está sostenido por la gracia que fluye de las llagas del Señor, por esos divinos raudales que, desde el pie derecho del Crucificado, siguen alimentando la esperanza de su pueblo.

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